El siguiente texto, corresponde al libro “La Virgen Generala” cuyo autor es el Padre Cayetano Bruno. En el mismo, aparecen aspectos religiosos vinculados a nuestros más decisivos hechos históricos. La religiosidad popular, tan arraigada en nuestro pueblo, desde el nacimiento mismo de la Patria, se ve reflejada en el sentir de aquellos que lucharon por la libertad del continente sudamericano:
“Ya en Buenos Aires, conquistaba San Martín popularidad y prestigio con la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo. Interesaban al Gran Capitán no solo la técnica militar, la disciplina de cuartel, el cumplimiento de los deberes cívicos, como que en ello había puesto su alma prócer, sino también las obligaciones cristianas, las prácticas de piedad, la instrucción religiosa en sus soldados. En las “Memorias” del Coronel D. Manuel A. Pueyrredón, publicadas por primera vez en 1947, se conservan algunos datos acerca de las prácticas religiosas que el regimiento de Granaderos a Caballo cumplía en el Retiro desde los primeros días de su creación, y que había de mantener cuando, incorporado al ejército de los Andes, participaría en las campañas de Chile y Perú. -“Después de las lista de diana-recuerda el coronel Pueyrredón- se recitaban las oraciones de la mañana, y el rosario todas las noches en las cuadras, por companias, dirigido por el sargento de la semana”. “A estas prácticas diarias se añadían las semanales: El domingo o día festivo, el regimiento formado con sus oficiales asistía al Santo Sacrificio de la Misa, que decía en el Socorro el capellán del regimiento.” Y agrega a renglón seguido: “Todas estas prácticas religiosas se han observado siempre en el regimiento, aún mismo en campaña. Cuando no había una iglesia o una casa adecuada, se improvisaba un Altar en el campo, colocándolo en alto para que todo el regimiento pudiese ver al oficiante.”
Tampoco se descuida la instrucción religiosa: “El capellán tenía la obligación de predicar para el regimiento en ciertos días del año, para lo cual se erigía una cátedra en el mismo cuartel. O era una plática, sentado en una silla, cuando estaba en campaña.”
Con estos granaderos, que lo mismo empuñaban sus lanzas en San Lorenzo, Chacabuco, Maipú y Lima, que desgranaban el rosario junto a las tiendas de campaña, marcó San Martín rumbos definidos a la generación de Mayo, y asombró al mundo con sus proezas guerreras.
Igual programa religioso se propuso y realizó San Martín en la formación del ejército libertador de Cuyo. “Siguiendo los consejos de Belgrano-escribe Mitre-, había introducido las prácticas religiosas como elemento de disciplina moral.”
Se contrajo en desterrar el vicio de la blasfemia con sanciones severísimas. El artículo del Código Militar que esto disponía es muy aleccionador para nuestro siglo despreocupado y tibio, que deja libradas al arbitrio de cada cual aun las obligaciones morales más apremiantes.
“Todo el que blasfeme-así expresa San Martín- contra el santo nombre de Dios, su adorable Madre, e insultare la religión, por primera vez sufrirá cuatro horas de mordaza atado a un palo en público, por el término de ocho días, y por segunda vez será atravesada su lengua con un hierro ardiendo, y arrojado el cuerpo.”
“…Sea honrado el que no quiera sufrirlas. La Patria no es abrigadora de crímenes.”
La Virgen Generala-Dr. Cayetano Bruno sdb.
“Ya en Buenos Aires, conquistaba San Martín popularidad y prestigio con la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo. Interesaban al Gran Capitán no solo la técnica militar, la disciplina de cuartel, el cumplimiento de los deberes cívicos, como que en ello había puesto su alma prócer, sino también las obligaciones cristianas, las prácticas de piedad, la instrucción religiosa en sus soldados. En las “Memorias” del Coronel D. Manuel A. Pueyrredón, publicadas por primera vez en 1947, se conservan algunos datos acerca de las prácticas religiosas que el regimiento de Granaderos a Caballo cumplía en el Retiro desde los primeros días de su creación, y que había de mantener cuando, incorporado al ejército de los Andes, participaría en las campañas de Chile y Perú. -“Después de las lista de diana-recuerda el coronel Pueyrredón- se recitaban las oraciones de la mañana, y el rosario todas las noches en las cuadras, por companias, dirigido por el sargento de la semana”. “A estas prácticas diarias se añadían las semanales: El domingo o día festivo, el regimiento formado con sus oficiales asistía al Santo Sacrificio de la Misa, que decía en el Socorro el capellán del regimiento.” Y agrega a renglón seguido: “Todas estas prácticas religiosas se han observado siempre en el regimiento, aún mismo en campaña. Cuando no había una iglesia o una casa adecuada, se improvisaba un Altar en el campo, colocándolo en alto para que todo el regimiento pudiese ver al oficiante.”
Tampoco se descuida la instrucción religiosa: “El capellán tenía la obligación de predicar para el regimiento en ciertos días del año, para lo cual se erigía una cátedra en el mismo cuartel. O era una plática, sentado en una silla, cuando estaba en campaña.”
Con estos granaderos, que lo mismo empuñaban sus lanzas en San Lorenzo, Chacabuco, Maipú y Lima, que desgranaban el rosario junto a las tiendas de campaña, marcó San Martín rumbos definidos a la generación de Mayo, y asombró al mundo con sus proezas guerreras.
Igual programa religioso se propuso y realizó San Martín en la formación del ejército libertador de Cuyo. “Siguiendo los consejos de Belgrano-escribe Mitre-, había introducido las prácticas religiosas como elemento de disciplina moral.”
Se contrajo en desterrar el vicio de la blasfemia con sanciones severísimas. El artículo del Código Militar que esto disponía es muy aleccionador para nuestro siglo despreocupado y tibio, que deja libradas al arbitrio de cada cual aun las obligaciones morales más apremiantes.
“Todo el que blasfeme-así expresa San Martín- contra el santo nombre de Dios, su adorable Madre, e insultare la religión, por primera vez sufrirá cuatro horas de mordaza atado a un palo en público, por el término de ocho días, y por segunda vez será atravesada su lengua con un hierro ardiendo, y arrojado el cuerpo.”
“…Sea honrado el que no quiera sufrirlas. La Patria no es abrigadora de crímenes.”
La Virgen Generala-Dr. Cayetano Bruno sdb.